La mayoría de vosotros habréis visto el video del discurso del activista del IVAW (Iraq Veterans Against the War) Mike Prysner de “final de año” -gracias Nathalie-. Me parece interesante destacar al respecto, brevemente, como el discurso gira en torno a la idea del racismo, en el sentido de identificar claramente a éste como uno de los instrumentos más poderosos para generar corrientes de opinión favorables, mover a las masas en la dirección deseada e incluso hacerles comulgar con cosas que, indefectiblemente, atentan contra el sentido común y la misma decencia como seres humanos -véase la guerra-. Racismo en el sentido estricto de la palabra. Hacer que aquel que tiene en sus manos el “trabajo sucio”, lo haga con el convencimiento de que su patria, su sistema, sus ideas, su forma de ver la vida y en definitiva, él mismo son superiores a los que tiene que sojuzgar. ¿Cuantos de nosotros creemos consciente o inconscientemente que la democracia, nuestra religión -o nuestra falta de ella-, nuestras ideas políticas, nuestro estilo de vida, nuestros sistemas económicos, nuestra cultura son superiores a los de los demás? ¿No somos más avanzados, mas civilizados, más buenos, más cuerdos, más guapos?
¿Lo somos?

Hoy voy a recomendaros un libro fabuloso que no gusta a nadie. Qué cosas. Así que aprovecho el post para revindicarlo entre los infieles que anadeais por el mundo. Y recomendarlo. Si tenéis algo de curiosidad, ganas (no es un librito ligero de sobremesa, claro) y queréis cambiar de registro, “las formas elementales” es vuestro libro.
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