“I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhäuser gate. All those….. moments….. will be lost in time…. like….. tears….. in rain. Time to die.”
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orion. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos…. momentos… se perderán en el tiempo…como…. lágrimas….en la lluvia. Es hora de morir.
Yo he vivido cada día como si fuera una parodia, una mala imitación. Lo he tenido todo… y nada. Ni una verdadera casa, ni una verdadera familia… Ni siquiera mi hija, que nos parecemos como dos gotas de agua: no me acuerdo de nada. Si muriese en este momento y el Padre Eterno me dijera: “Romano ¿qué recuerdas de tu vida?”… La nana que me cantaba mi madre cuando era pequeño…, el rostro de Elisa en la primera noche… y las brumas de Rusia…
Hace mucho que perdí Oci Ciornie (Ojos negros). Una de esas pérdidas materiales que pasan -negras, analógicas, dolorosas y latentes- a renovarse cíclicamente en ese nivel sensitivo donde la exigencia de calidad se torna con el devenir de los años imperiosa, cercados como estamos -cada vez más- de productos cinematográficos faltos de la mínima sensibilidad y enfrascados, además, en demostrarnos sin descanso que nuestros sueños son -han de ser- monotemas de sangre, sexo, acción y dinero. En resumidas cuentas, lo pueril también cansa. Así que la película de Nikita Mikhalkov pronto pasó a ser una de esas islas en las que refugiarse un par de horas, cuando tales residuos mentales acaban por axfisiarte y no queda otra que agarrarse para respirar a éstos solitarios islotes atolónicos.
Con “Escritos” pretendo ir colgando alguna de las “poesías” y escritos en prosa que he ido “generando” casi sin quererlo durante los últimos -como pasa el tiempo- años. Como una fórmula de expresión y escape que son, cada uno representa un momento concreto de nuestras vidas y pretenden expresar (no contar) algo significativo, lo suficiente al menos como para nacer al “exterior” en forma de texto. Los tres primeros, que podeís leer sobre estas líneas, se mueven en esos instantes de la vida en que las cosas son nuevas y puede, algo confusas. Momentos de indecisiones y decisiones inciertas. Momentos encrucijada, momentos seguridad y otra vez, duda. Momentos también de esperanza y no.
Nunca veas a una puta con luz de día
es como mirar una película con la luz encendida
como el cabaret a las diez de la mañana
con los rayos del sol atravesando el polvo que se levanta cuando barren
como descubrir que ese poema que te hizo llorar a la noche
al dia siguiente apenas te interesa
es como sería este puto mundo
si hubiera que soportar las cosas tal como son
como descubrir al actor que viste haciendo Hamlet en la cola del pan
como el vacío cuando te pagan y no sentís ni siquiera sólo un poquito
como la tristeza cuando te pagan y sentiste por lo menos un poquito
como abrir un cajón y descubrir una foto de cuando la puta tenía nueve años
como dejarte venir conmigo
sabiendo que cuando se acabe la magia vas a estar con una mujer como yo
en Montevideo.
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