Kuma respira con dificultad. Sabe que no podrá aguantar mucho más allí, sentado y ausente bajo la terrible ventisca. A su lado, Homaz ya no habla. Inerme. Como un muñeco al que la inmensa tensión de la ascensión y el precipitado descenso hubiese cortado las cuerdas para siempre. La oscuridad les cerró como una maldición y el angosto corredor descendente no les permitió siquiera improvisar un vivac. Ahora el amanecer mortecino les saluda con sus lenguas de fuego helado. Es la hora de bajar. Bajar o morir. Kuma lo sabe, lo ha visto y escuchado muchas, decenas de veces. Es un Sherpa. La diosa ha hablado. Y sin embargo el cansancio es tan infinito. La tentación de no pensar y dormir junto a su compañero de ascensión tan poderosa, como un canto de sirena sobre el océano de nubes. Dormir. Sólo dormir. Sólo un poco. No pensar…pensar…podría…
A mi me cae bién Edurne. Y cualquiera sabe por qué -la verdad es que yo mismo no lo tengo muy claro-. No la conozco de nada y sé de ella -como casi todos los mortales- por sus andanzas en el Himalaya y su intento de ser la primera mujer en coronar los catorce ochomiles. Ayer llegó, después de mucho sufrimiento, de vuelta al campo base del Kachenjunga, la tercera montaña más alta de la tierra con sus 8.586 metros, apuntándose su duodécimo ochomil. Al límite, asistida por dos sherpas y sus compañeros de expedición de “Al filo de lo imposible”, la bajada fué poco menos que un infierno bajo el manto tormentoso de la montaña sagrada.
Pues bién, lo que para el gran público es una gesta indiscutible, dentro del mundillo de la montaña es interpretado y discutido en base a distintos factores de muy diversa índole, y que pueden incluir -unas con razón y otras no tanto- todas o algunas de las siguientes consideraciones: machismo-oxigeno-carrera-purismo-comercial-reality-estilo-cuerdasfijas-peligro-demérito-envidia-viafácil-estiloalpino-huella.
Si, parece un galimatías -lo es-, pero leyéndo algunos de los comentarios que circulan por los foros de “montaña”, quizá podamos hacernos una ligera idea de que se le recrimina a alpinista guipuzcoana (todos los comentarios subsiguientes están sacados de los foros de barrabes.com):
Hoy hace ocho meses que el corazón de Iñaki Ochoa de Olza dejó de latir en la cara sur del Annapurna, a 7.400 metros de altitud. Para los que amamos la montaña fué, sin duda, una gran conmoción. Mucho más de lo previsible teniendo en cuenta que nuestra relación con Iñaki (la de la mayoría), se circunscribía a unas breves palabras en el foro de sistemacentral.net, y al seguimiento ilusionado de sus andanzas por las grandes cimas del mundo. Poco más lo conocíamos, aunque de sus pasos, sus entrevistas, sus crónicas y sus charlas se intuía a un montañero humilde e íntegro, tremendamente seguro, con una claridad de ideas y una decencia que impresionaba al interlocutor y que, aún hoy, contrasta sobremanera con gran parte de esa colorida fauna comercial que puebla los paraísos perdidosdel Himalaya.
Sin embargo los lazos que unen a los montañeros (dícese de aquel que ama y respeta por igual a la montaña) son extraños: especiales. Conocidos o no, grandes y pequeños, fuertes o débiles, jóvenes o viejos, todos hablan el mismo idioma. El que Iñaki plasmo en esas líneas, justo antes de partir a su encuentro con la diosa blanca.
00:28 a.m. ¡Se han dormido! ¡Y justo hoy! Increíble. Esperamos pertrechados bajo el cielo estrellado mientras nuestros porteadores se maldicen en swahili unos a otros. No es para menos. Las linternas frontales giran como faros bajo las lonas, las botas congeladas vuelan y el vaho de nuestro aliento es testigo ahogado de las órdenes frenéticas de nuestro guía. El campamento enloquece durante unos interminables minutos. Las tiendas caen. Alzo la vista, y en la negrura impenetrable sólo alcanzo a vislumbrar la miríada de lucecitas que acometen la subida final a las faldas del Kilimanjaro. Visto lo visto, la ascensión será movidita. Seguro.
00:43 a.m. Té. Y dos galletas. Se me antoja algo escaso pero no estamos para más florituras. Las horas de sueño han sido terribles. Los mareos remitieron algo pero la duermevela fué poco menos que espantosa. Primero el calor amarillo y mortecino de la tienda. Después el mordisco impenitente del frío. Lau no está bién. Decide intentarlo pero no se le ve con fuerzas. La verdad es que yo tampoco estoy en mi mejor momento. Al menos el té calienta un poco los ánimos. Saldremos los últimos. Informamos a Gabriel y decidimos partir de inmediato. Revisión; ajustes, guantes, frontales, agua. Dudas. Las tres capas se me antojan insuficientes y cojo un pasamontañas más. Lau llevará “extras”, seguro, aunque no debería cargarse. Inútil reprochárselo. Siempre lleva de todo y para todos. En nuestro ángel de la guarda en las alturas. Me reajusto los cordones de las botas y damos nuestros primeros pasos sobre el volcán. No hay vuelta atrás. Oscuridad y emoción. Estamos en marcha.
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