
La garganta de Oldupai es un lugar mágico. Y aunque es cierto que la magia depende del momento y de cada cual, en el aire polvoriento y cálido de sus barrancos -la “cuna de la humanidad”- se respira un “algo” que me atevería a calificar de especial. Perdido el el inmenso valle del Rift -entre el fastuoso cráter del Ngorongoro y el Serengueti-, mientras te sientas en el mirador a comer un huevo duro y un zumo de naranja de sabor indeterminado -muy indeterminado-, no puedes evitar pensar en el lago que fué, y en los restos de nuestros habilis antepasados que dormitan en él desde hace más de dos millones de años. Un suspiro geológico.
Hay silencio en la mañana y una miríada de pajaritos, acostumbrados ya a exigir su desayuno a los visitantes, te rodea mientras el guía del pequeño museo que jalona el lugar explica con voz modulada el reciente cambio de nombre del enclave. “Olduvai” es una transcripción incorrecta del original masai “Oldupai”, una curiosa planta con gran capacidad para retener agua y que es utilizada por los habitantes de la zona cuando escasea el líquido elemento. Después enumera concienzudamente los descubrimientos de los Leakey, a tenor de los cuales en verdad, pisamos la tierra indómita de nuestros más lejanos antepasados.
Un escalofrío te recorre la médula mientras los pajaritos arremeten en tropel contra un pequeño trozo de pan -¿o es de pollo?- caído en combate. Nos recuerdan que aquí empezó nuestra lucha, bajo las estrellas de África. Observo por última vez la omnipresente estratificación multicolor que, desde su altura, nos exige un último tributo de humildad ante la pequeñez de nuestra historia -la humana- y la inmensidad infinita del espacio-tiempo. Terminamos de almorzar y Sam, nuestro chófer-guía, nos reclama sentado y sonriente sobre el verde desvahído del jeep. Nos espera para continuar nuestro traqueteo por el valle del Rift. No sé si volveremos. Sólo fué una parada para almorzar -eso ponía en el folleto- pero mereció la pena. Tampoco sé por qué, pero retengo una sensación luminosa y especial. Y es buena.
Hermano: que lejos está y que cerca….espero no morirme sin ir y contigo sería una pasada.