Hace tiempo que le debo a mi mujer una poesía. Algo que se encarga de repetirme com malicia siempre que tiene ocasión :-p. Así que aprovecho mi vigésimo octavo cumpleaños -jaaarl ¡mi nariz!- para dedicarle ésta que escribí al poco de conocerla y que por distintos motivos no había salido de mi bolsillo -es una forma de hablar claro, ¡una vez al año pongo la lavadora!-. No tiene título, así que esta vez sí, tú decides. Un beso.

A los demás, sólo decirles que no conozco a la mitad de ustedes ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes se merece XD. Lo malo es que hace tiempo que perdí mi “anillo” en el cajón de los calcetines, así que todavía permaneceré por aquí durante algún tiempo. Si será mucho o poco nadie lo sabe. Eso es lo divertido de esto. La mochila está preparada pero Rivendel tendrá que esperar. Los dejo por ahora ¡Adiós!
Etiquetas: Lecturas, Pinceladas
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