El boxeo es uno de esos deportes que uno “no controla”. Una finta elegante para admitir que uno es un ignorante en el noble arte del pugilismo. Seré sincero: tampoco me gusta demasiado, y conocer, conocer… conozco a….. repasemos…. ¿Poli Díaz?…… ummmm… a Cassius Clay…. James J. Braddok, claro, por la fabulosa peli de Ron Howard y…a…¡Rocky! Tata-taaaaaaaaa, tata-taaaaaaaaaaa. Éste si que sí. Aún lo veo subiendo por las escaleras de museo de arte moderno de Philadelphia, a lo campeón ¡Rocky Steps! -ahí es nada-. Parece que haga mil años. También recuerda uno, como olvidarlo, a la mole rusa que le afrentaba en la cuarta parte de la serie, un verdadero prototipo de la bestia comunista hecho hombre. Iváaaaaaaaan Drago. La verdad es que la película era un derroche propagandístico de agárrate y no te menées, pero enganchaba. El ruso, malo malísimo, asesino y sediento de sangre yankee, haría salir por patas al mismísimo Jonh Wayne y desde luego, repartía hostias como panes. Al final, claro, ganaba Rocky; la libertad, los perritos calientes y la democracia frente a la brutalidad, gélida y calculadora del comunismo reinante más allá del telón de acero.
Todo ésto viene al caso de la foto que veis en portada, con la que topé fortuitamente en unos de mis, cada vez más, escasos escarceos nocturnos con internet. No es un fotomontaje, ni utiliza efectistas técnicas cinematográficas de perspectiva, sino que el “tanque” del cuadrilátero es real. Una suerte de Dolph Lundgren “Drago” de nuestros días. Nikolai Valuev se llama el mocetón ruso de 213 centímetros que, no obstante, no le han impedido ser el campeón de los pesos pesados por la Asociación Mundial de Boxeo hasta este mismo año -al parecer existen distintas asociaciones de boxeo paralelas, aunque no tengo del todo claro el cómo, cuándo y mucho menos el por qué-. Efectivamente, el bueno de Nikolai consiguió defender su corona hasta hace escasamente un par de meses, cuando la perdió en Alemania a manos de el británico David Haye, un púgil con casi 30 centímetros menos y con 45 kilos de diferencia entre ambos. Casi nada. La brutal diferencia de envergadura fué rápidamente aprovechada por el marketing televisivo para promocionar el evento como la pelea entre “David y Goliath”. Y a fe que así fué, y aunque en fallo dividido y ajustado, de igual bíblico modo terminó la contiendan entre ambos púgiles. Eso si, la cabeza de Valuev sigue en su sitio.
Suerte que es simplemente deporte.


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