Dos días después de la presentación del “hypeado” Ipadde Apple, los foros siguen repletos de cometarios cuyo denominador común es la más absoluta decepción. El usuario entregado de Apple, esperaba algo más que un Ipod Touch con unas cuantas funciones añadidas, y en sus sueños más floridos veía un Macbook hecho Tablet -aunque, ¿tendría sentido tirarse piedras sobre su mismo tejado?-, aderezado de toda la sencillez, tecnología y novedosas funciones que sólo los de Cupertino sabrían dotarle. Lo cierto es que aparte de la chorradas que hemos podido oir en cuanto a la rumorología de especificaciones que circulaban en la red -¿recarga solar, sintonizardor HDTV, dos cámaras?- si es cierto que, grosso modo, se echan de menos una serie de funciones básicas que probablemente habrían paliado al menos esa sensación general de que “se han quedado a medias”. ¿Qué le ocurrió a la cámara? ¿Y a la multitarea? ¿Que tal una ranura para la SD? ¿Y un puerto USB? ¿Sabemos algo de un gestor de archivos? ¿Un Finder? ¿Que busca realmente Apple con el Ipad?
El boxeo es uno de esos deportes que uno “no controla”. Una finta elegante para admitir que uno es un ignorante en el noble arte del pugilismo. Seré sincero: tampoco me gusta demasiado, y conocer, conocer… conozco a….. repasemos…. ¿Poli Díaz?…… ummmm… a Cassius Clay…. James J. Braddok, claro, por la fabulosa peli de Ron Howard y…a…¡Rocky! Tata-taaaaaaaaa, tata-taaaaaaaaaaa. Éste si que sí. Aún lo veo subiendo por las escaleras de museo de arte moderno de Philadelphia, a lo campeón ¡Rocky Steps! -ahí es nada-. Parece que haga mil años. También recuerda uno, como olvidarlo, a la mole rusa que le afrentaba en la cuarta parte de la serie, un verdadero prototipo de la bestia comunista hecho hombre. Iváaaaaaaaan Drago. La verdad es que la película era un derroche propagandístico de agárrate y no te menées, pero enganchaba. El ruso, malo malísimo, asesino y sediento de sangre yankee, haría salir por patas al mismísimo Jonh Wayne y desde luego, repartía hostias como panes. Al final, claro, ganaba Rocky; la libertad, los perritos calientes y la democracia frente a la brutalidad, gélida y calculadora del comunismo reinante más allá del telón de acero.
Ayer tuvimos la oportunidad de ver a los últimos tres presidentes norteamericanos haciendo una solemne declaración conjunta de apoyo incondicional y ayuda a la denostada Haití. Lo curioso de evento es que a ninguno se le cayó la cara de vergüenza -faltaría más- y al parecer, volvieron a sus respectivas chozas de rositas, quedando ante la opinión pública como autenticos garantes de la solidaridad y el buen rollo internacional. Gracias, señores, gracias.
Haití es una “media isla” del Caribe sumida en la más obsoluta pobreza. Sin recursos, deforestada, sin apenas agua potable y con una población subsistiendo al borde del abismo, lo cierto es que ninguno de los gobiernos que han dirigido su inestable periplo desde que consiguieron su independencia en 1804, han conseguido sacar a la isla de la interminable penuria. Eso a los grandes monstruos no les importa demasiado. Haití nunca ha sido una amenaza real como Cuba, Nicaragua o Venezuela, entre otras cosas porque nunca ha tenido el apoyo político de nadie poderoso y sus presidentes, o han sido directamente dictadores “apoyados” por Washington (como el Papa Doc) o de corte izquierdista y liberacionistas, con demasiadas trabas y faltos de voluntad para dar el suficiente empuje a su acción y sacar a la isla de su triste destino.
Mil novecientos noventa y dos. Bajan del coche como se tiene que bajar. Con una sonrisa de oreja a oreja. El capó, vaporoso en el frío de la noche, refleja en sus ojos el irisado de las luces navideñas y el tráfico, contrario y escaso para las ocho, les deslumbra ocasionalmente mientras se dirigen felices hacia la esquina de los sueños. En el semáforo una niñita con alitas de abejita gordinflona devora un algodón de azúcar, y los villancicos les recuerdan, como si pudiera olvidarse, que es la noche de la Paz y el Amor. El tiempo de la felicidad y el infinito buen rollo. El tiempo de los cascabeles, de volver a casa y de El Corte Inglés. Tiempo de comprar y tiempo de llorar. De alegría.
A Beyoncé Knowles podrán achacarle muchas cosas, y detractores los tendrá con mas o menos razón, pero lo que me parece indiscutible es su maravilloso registro vocal ‘más allá’ del Mezzo-Soprano. Lleno de matices, control y fuerza, es capaz de conseguir convertir por si sólo, apoyado en una adecuada interpretación y unos simples arreglos de piano, una sencilla balada “ni contigo ni sin ti” en un mar lleno de personalidad y emoción. Qué cosas.
Para muestra un botón. Eso, sí, a pesar de la búsqueda de la naturalidad en el video (luz, exteriores, maquillaje, etc.), sigue siendo, como no, una superdiva. Ya se sabe, Knowles es Knowles.
P.d.: Sigue utilizando con acierto el recurso, ya visto en algún video suyo anterior, de cantar y parar súbitamente de mover la boca mientras sigue la canción (o viceversa). El resultado es novedoso y enfatiza con eficacia el dramatismo del momento (1:15 y 2:08 min.)
P.d2.: De la sonrisa del final ni hablamos. “Pa qué”….
P.d.3: ¡Ahora ya sólo espero que caiga sobre mi la furia de Sydharta!
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