Ayer recibí por e-mail el enlace al vídeo que tenéis sobre estas líneas (gracias Nathalie). Emisión -de hace ya algunos meses- que si se merece esta pequeña entrada en el blog es porque sinceramente, creo que nunca en mi vida había oído una justificación más “patatera” y poco profesional ante algo, por otra parte, dificilmente justificable. De veras. Consejo: Si algo es estúpido, tapémoslo señores, justifiquémoslo en nuestro fuero interno, sin alardear, a la luz de las velas y la fe si es menester. Pero no hagamos el público ridículo, leches. Y menos en la tele (¿habéis visto la pinta del presentador a pie de farmacia, el tal rafa G.). “Venga, vamos a ver como defendemos al Papa…¡Qué alguien con huevos vaya y traiga una caja de condones a ver que sacamos del prospecto!”. Lo malo es que estos “profesionales” de la comunicación -¡la manicura de África no destaca!- representan, en teoría, a una parte importante -y recalcitrante- de la sociedad de este país. En fin, una prueba más de los problemas que puede acarrear la infalibilidad papal, y por extensión, la estupidez humana.
Hundido en el sofá, he perdido la cuenta de los días que yazco como una marioneta sin cuerdas, flotando grávido entre toneladas de apestosa mugre monocolor, trozos de pizza semiputrefactos y refrescos de cola desventados. Mi camisa de tirantes tampoco es blanca y sus medallas superpuestas, como ídolos olvidados de un pasado mejor y que ahora limpio con denuedo religioso cada hora, destacan sobremanera en el trasfondo grasiento y húmedo de alcohol barato que destila mi vida. Tampoco recuerdo que fué de la luz, ni desde cuando la televisión se ha convertido en mi único vínculo con el más allá.
Es curioso constatar como un gobierno que se las da de progresista y de izquierdas, pueda a su vez realizar propuestas tan rotundamente contrarias a la constitución y a la misma decencia, como la contenida en la disposición final del recientemente conocido Anteproyecto de la Ley de Económia sostenible. Disposición sorpresa para muchos, y no tanto para otros, como me parece se intuye de la manifestación “Músicos contra la piratería” que vimos ayer en Madrid: un intento de contrarrestar el aluvión de críticas, y la corriente de opinión en contra que previsiblemente se les vendría encima desde internet con la presentación del citado anteproyecto. Así ha sido -hemos de tener en cuenta que los llamados por la derecha de nuestro país “culturetas de la ceja” o “zejateros“, han sido tradicionalmente los adalides de Zp en las elecciones y eso, probablemente, no se hace en balde-.
La inocente norma en cuestión no hace sino ventilarse de un plumazo el llamado por la industria audiovisual “problema de los jueces”. Esos seres malvados que reiteradamente, se han empeñado en no saltarse a la torera normas de fondo tan “insignificantes” como el derecho a la intimidad, la inviolabilidad de las comunicaciones y chorradas similares. El carrusel de sentencias contrarias a la SGAE respecto a su pretensión de cerrar webs P2p, ha hecho que la industria decida pasar a mayores, y tomárselo ahora sí, a las bravas. González-Sinde mediante. Si los jueces se empeñan en escudarse en vericuetos legales tan anodinos como la ausencia de ánimo de lucro, la copia privada, o la falta de archivos en las propias webs, señores, carguémonos a los jueces. A sablazo limpio.
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