Antes de que esto se llene de voyeurs digitales una aclaración: Esta no es una entrada autobiográfica, pillines. Así que, que nadie se frote las manos. “La historia completa de mis fracasos sexuales” es el explícito título del documental protagonizado por el director inglés de cine “independiente” Chris Waitt, en el que cámara en mano, y en un dudoso alarde de sinceridad, realiza un repaso pormenorizado de su vida psico-sexual con el aparente objetivo de intentar
superar el penoso estado físico y emocional en que se encuentra sumido. Treinteañero, inmaduro, solo, guarro, odiado, e impotente, Waitt se propone analizar para la cámara su propia vida sentimental y sexual, con el firme propósito de madurar -y de paso terminar el documental- pero con escasas ganas de caerse del árbol. Como él mismo confiesa cuando una “ex” le recrimina que no respondiera a sus cartas de amor “Es que soy un vago”.
Yo creía firmemente en mi inmunidad a la hipnosis. Incluso me mofaba jactancioso cuando en la televisión, alguna víctima propiciatoria cacareaba al son que el hipnotizador de turno le tocaba ceñudo en su flauta mágica. Y así, feliz, viví durante mucho tiempo. Aislado, distante y escudo ante las vibraciones mentales, la precognición, el mentalismo y la telepatía. El dolor e incluso la alegría, pasaron a un extraño plano existencial donde casi no podían tocarme, y me convertí, casi sin quererlo, en un ente metafísico de proporciones desproporcionadas. Veía la muerte y moverse a la vida, el dolor y la nada, ví el oro y el verde, el incienso y las montañas, e incluso las ancas de un sapo moteado, fundiendose lentamente mientras se perdía en la turbia profundidad turquesa. Yo era así. El ojo de Dios. Una roca. Incomensurable e inmarcesible en mi redondez exquisita.
Datos técnicos:
Título: “El horno de pan”
Fecha: 15/08/2009
Cámara: Olympus E-1 con objetivo Zuiko 14.0 – 54.0 mm
Exposición: 1/320 sec en f/3,5
Iso: 200 - Focal: 54 mm
Observaciones: Fotografía tomada en un restaurante al aire libre cerca de Men-Nefer, hoy Menfis, la antigua capital de Egipto. Esta parada gastronómica, entre la necrópolis de Saqqara y Dashur, nos permitió saborear una vez más la estupenda comida egipcia y de paso, realizar algunas fotos al tradicional horno de pan situado en la entrada del patio abierto del restaurante. Ajuste de saturación con Lightroom.
¡Tachaaaannnnnn! Ya llega. Ya está aquí. Nos acercamos al momento X. El momento de la histéria colectiva, las máscaras protectoras y las galopadas a los grandes almacenes para atiborrarnos de todo aquello que nos permita subsistir en nuestros búnkeres televisivos. Al ataque señores, el pistoletazo esta cerca. Arrasemos los carrefoures, las farmacias y los hospitales. Gritemos todos al unísono, saquemos a nuestros hijos de los colegios, desgarrémonos los ropajes y corramos. Rápido. Es el dia D, la hora H, el momento X. El momento del frío y la gripe A. ¡Temblad! ¡Temblad malditos!

Viajar -cuanto más lejos mejor- debería ser una asignatura obligatoria. Subvencionada, promocionada, alentada sin cuita por nuestra sociedad e inexorablamente imbricada en nuestro sistema educativo. Pues, atención, no te libra de la estupidez -la propia-, pero te hace plenamente consciente de ella. Lo cual es mucho.
¿Y estas vacaciones? No sé, quizá Egipto. ¿Cómooooo? ¿Pero Egipto, Egipto? ¿Y los atentados? Además, está todo lleno de “moros“, asaltándote por las calles, vendiendo hasta a su madre por cuatro camellos, con un calor axfisiante, entre suciedad y polvo y ni se sabe cuantas penalidades más. ¿Y las vacunas? ¿Se puede comer allí? La tele dijo ayer que no conviene viajar este verano, y menos allá. Bueno, allá mejor nunca. Por no hablar de la gripe A. Además, mi primo, que fué en viaje de novios, pilló “cagaleras” y no veas que suplicio. También lo comentaron -lo de las cagaleras- en el “Sálvame”, de pasada, mientras “la Esteban” despotricaba desatada contra “Jesulín” creo, ¡uf! aquello si que fué fuerte, el despotrique digo, menuda loba…..¡Ah! Sí, sí. ¿Egipto? ¿Lo has pensado bién? Que locura. Tu sabrás. Que locura…

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