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oct 29
- ¿Mandee? ¿El Pedospeeee? Pero si parece un robot de la guerra de las galaxias…¡Ah! por eso el título ¿no?
-Ejem. No. Vayamos por partes.
El P2P o Peer to Peer es una forma de compartir archivos en internet en la que no hay servidores ni clientes fijos, sino que cualquiera que accede a esa red puede actuar como tal. Cuando nos conectamos podemos descargar archivos (o partes de estos) de cualquiera que los tenga y a la vez, ponemos a disposición de los demás nuestros propios archivos (actuando como servidor).
-Mmmmmmmmm.
- Para no liarla más, ¿te suena el Emule, el Kazaa, los “torrents”?
- Ahhhh….acabáramos. Los programillas esos piratas para descargarse películas…jejeje.
- Bueno. Eso. Sí. Sin embargo no es esa, en principio, la finalidad del P2P. Sino simplemente compartir archivos. Lo que compartan los usuarios conectados es cosa de cada uno. No del programa en sí.
- Ah! Entonces…¿por qué lo de la guerra del título?…Yo me conecto…y descargo bién. No pasa nada, creo. Bueno a veces se atasca, va lento, o el video de blancanieves de mi sobrino resulta ser algo subidito de tono…
- Emmm. No, no van por ahí los tiros. Toma asiento.
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Etiquetas: Análisis, Derecho, Ordenadores
oct 27
Memento es una de esas magníficas películas que pasa desapercibida para gran parte del público. Ignoro si por su fecha de estreno (y si coincidió con algún mastodóntico y megamultimillonario proyecto de Hollywood) o si simplemente superó a un público demasiado acostumbrado al “bueno malo pimpampum yseacabó” que satura las grandes salas de exibición, pero el hecho es que la mayoría simplemente ignora su existencia (¿Comooo? Memmmmm¿qué?) así como su trayectoria como ganadora de un Globo de Oro (guión) y su nominación a dos Oscars (año 2000), los de mejor guión y montaje. Basada en un texto de Jonathan Nolan (Memento Mori), los debería haber ganado de calle, pues hablar de Memento es hablar de guión y de edición con mayúsculas, señores. Una pequeña esperanza que nos sacude en cada plano y nos recuerda que aún es posible ver y contar historias nuevas y extremadamente originales en la gran pantalla. Todo un alivio.
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Etiquetas: Hollywood, Opinión, Oscars, Películas, Trailers
oct 22
Nada hijo. Ese ordenador raro y caro de la manzanita, que además no es compatible con Windows.
Y como diría una que yo me sé. Punto pelota.
Contestación representativa de la idea general que se tiene de un Mac. Sobre todo entre el usuario medio de Windows que, por regla general, no ha tenido ningún contacto con otro ordenador distinto de un PC, y mucho menos con otro sistema operativo. Cosas de los monopolios. Vamos, el retrato de casi todos nosotros en algún momento de nuestra vida informática, en la que como mucho, nos suena ese mp3 pequeñito tan chulo que de vez en cuando vemos por ahí. El Ipod. Sí. Con la manzanita esa. De Apple.
Lo que vamos a hacer en sucesivas entradas es puntualizar brevemente algunos de los clichés y miedos que orbitan entorno a la idea de un Mac, aceptando o desmintiendo alguno de ellos, y con la idea de ir conociendo un poco más de este mundo, el maquero, como una alternativa viable al PC “de siempre”.
Pero ¿qué es un Mac?
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Etiquetas: Análisis, Consejos, Mundo Mac, Opinión, Ordenadores
oct 20
En el 2005 tuve la oportunidad de realizar un viaje increíble. Ascender al monte Kilimanjaro y visitar los grandes parques nacionales de Tanzania. El lago Manyara, el cráter del Ngorongoro, Tarangire o las impresionantes llanuras del Serengueti. En sucesivos posts iré desgranado parte del diario de viaje que fuí confeccionando sobre el terreno, sin embargo, aprovecharé esta entrada para comentar algo que muchas veces envuelve a mi alma y que reconozco, quedó grabado en ella desde entonces: una terrible, extraña e impenetrable sensación de nostalgia.
Muchas veces me preguntan si es hermosa la cima del Kilimanjaro. Y lo es. Si son firmes sus nieves. Y no lo son tanto. Y si fué acaso la ascensión lo mejor del viaje. Mi respuesta es siempre la misma: Sólo una cosa es segura. Y es que uno no es el mismo después de ver el Serengueti. En su hierba, en su polvo, en sus grandes manadas, en el rugido nocturno de los leones de Seronera, hay libertad y aventura; algo salvaje e indómito que dormita en nuestro interior. Dentro de cada urbanita. Nuestro pasado, nuestra herencia que palpita en esa tierra, en el corazón de las tinieblas. Y sin embargo la tristeza no se va, como la sempiterna niebla que besa las faldas del Kilimanjaro. Una sutil opresión que no cesa.
Durante mucho tiempo creí que era cosa del aire. De sus nubes bajas, de sus contrastes y sus colores lejanos. Hoy sé que es la visión de una pérdida. El grito de lo salvaje ante la presión de nuestras manos, el latido de un mundo ancestral que se pierde. Controlada. Lentamente. Con cada paso que damos como turistas, con nuestros dólares, con nuestra civilización a cuestas. Como una historia interminable repetida, donde “la nada” son nuestros pasos guiados y no hay niños que crean ya en nuevos cuentos.
Hay algo terrible y fiero en los ojos del león en la sabana. Un sabor nuevo y viejo a la vez; pero se pierde cuando una miríada de pupilas sedientas lo observan, y las cámaras lo rastrean bajo ese cielo inmenso y cercado. Cuando su fuerza te mira con indolencia, poco margen queda para los sentimientos puros, para la exploración, la dignidad y la aventura. Y sin embargo persiste aún esa cristalina sensación de limpieza. De peligro. La que perdimos aquí hace tanto. Allí, bajo el fuego del atardecer, donde canta el grillo y reverberan las hogueras. Y queremos volver a sentirlo. Nuevamente. Así que volvemos a África. Nuestro antiguo hogar. Siempre volvemos. Dormidos o despiertos. Una vez más, volvemos.

Etiquetas: África, Aventura, Crítica
oct 17
…¿qué será ahora de ellos? Todos los conocemos. Esos que pasan jactándose con sus carros tuneados por nuestras calles. Hijos del “chunda-chunda”, del volumen sin límites. La mano de obra del ladrillazo y los malayos. Sí, esos. Nuestros chavales. Los que trocaron colegios por andamios, y vendieron su cultura por la promesa de un nuevo alerón, o esas llantas de la ostia a mil pavos. Los malayos se forraron, claro. Todos de pasta y alguno de rayas. Verticales. Las del pijama digo. Pero ellos perdieron algo difícil de recuperar. Más importante si cabe que su cultura arrastrada y sus pavos de papel: la sensibilidad. Esa que nace, se aprende y se educa. En casa. En el colegio. Con el conocer y el descubrir. Con los libros. Esa cualidad de atención en la que no existe el observador, uno mismo, y hay novedad, empatía y cariño. Hacia los demás. Hacia todo.
La crisis arrastró los ladrillos. Y los arrastra a ellos, consolidando nuestro fracaso. No bajan el volumen, pero para muchos su madurez se perderá, a nuestro pesar, en rincones poco recomendables. Quizá tengan suerte. Y quizá alguno, sólo alguno, retome otro sendero, distinto, mientras su buga se consume, lentamente, solitario, en algún vertedero.
Etiquetas: Crisis, Crítica, Política
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