feb 05

Yo soy un inútil completo en el arte del regateo. Ni me da pena el vendedor -esa socorrida excusa- que intenta sacarse lo que buenamente puede para sobrevivir, ni mucho menos pienso en los beneficios del dueño del chiringuito de turno, que -caso de que no sea el mismo individuo- por lo general aprieta a sus empleados desde la sombra con una saña solo comparable a los grandes e implacables Rockefellers de nuestro mundo. La verdad es que soy, simplemente, un negado. Aunque supongo que también es una cuestión de costumbre, vergüenza y sobre todo de actitud, pues confieso que me resulta aburridísimo concluir cual es el precio “adecuado” de un artículo en base a los sucesivos montos propuestos. ¿Por qué no pondrán un precio y ya está? Resumiendo, tengo mentalidad de güiri. Que le vamos a hacer.
Así que cuando te encuentras en una situación de regateo obligado, intentas poner toda tu atención en no hacer que lo inevitable se convierta en bochornoso. Vamos, lo que se llama salir con cierta dignidad del trance. También he de decir que la mayoría de las veces no lo consigo, y que por agravio comparativo con el resto de compañeros de viaje, acabo constatando hasta que punto mi pericia en el tema sigue, por mucho que practique, al nivel del fango.
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ene 22

El boxeo es uno de esos deportes que uno “no controla”. Una finta elegante para admitir que uno es un ignorante en el noble arte del pugilismo. Seré sincero: tampoco me gusta demasiado, y conocer, conocer… conozco a….. repasemos…. ¿Poli Díaz?…… ummmm… a Cassius Clay…. James J. Braddok, claro, por la fabulosa peli de Ron Howard y…a…¡Rocky! Tata-taaaaaaaaa, tata-taaaaaaaaaaa. Éste si que sí. Aún lo veo subiendo por las escaleras de museo de arte moderno de Philadelphia, a lo campeón ¡Rocky Steps! -ahí es nada-. Parece que haga mil años. También recuerda uno, como olvidarlo, a la mole rusa que le afrentaba en la cuarta parte de la serie, un verdadero prototipo de la bestia comunista hecho hombre. Iváaaaaaaaan Drago. La verdad es que la película era un derroche propagandístico de agárrate y no te menées, pero enganchaba. El ruso, malo malísimo, asesino y sediento de sangre yankee, haría salir por patas al mismísimo Jonh Wayne y desde luego, repartía hostias como panes. Al final, claro, ganaba Rocky; la libertad, los perritos calientes y la democracia frente a la brutalidad, gélida y calculadora del comunismo reinante más allá del telón de acero.
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