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jun 17
Hay veces que uno se cansa. Se cansa de escuchar y leer las mismas estupideces una y otra vez, en los medios, en las tertulias, en los bares o en los blogs -incluso las propias-, como si esperáramos con tal estrategia de martillo psicológico, convertir nuestra visión personal en una verdad inmutable de incontestable transcendencia. No es así. Hasta los pocos personajes que pululan con alguna neurona en verde -algo inusual en los tiempos que corren- evidencian a menudo trazas de razonar con terrible dificultad, toda vez que consciente o inconscientemente, han sucumbido adheridos alguna de las tendencias de opinión que ahogan nuestra capacidad de pensar con libertad. Son nuestros miedos como humanos los que nos guían a través de la aparente seguridad que proporcionan estas consignas decadentes, y la arrogancia la que nos hace disfrazar de originalidad las mismas posiciones.
Amin Maalouf -a parte de un excelente novelista y reciente Príncipe de Asturias de las Letras- es uno de esos escasos autores contemporáneos capaces de operar intelectualmente con manifiesta autonomía. Su último ensayo, El desajuste del mundo: cuando nuestras civilizaciones se agotan, ilumina con entereza ese espacio inhabitado donde reside la sensatez y no hay cabida para los grandes males de nuestra civilización occidental, a saber; la insensibilidad y la arrogancia.
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Etiquetas: Lecturas, Política, Religión
sep 04
Sí, la carretera. La que ves por tu ventana no, esa no, bueno casi, sino la de McCarty. Cormac. Premio Pulitzer del 2007 de ficción. El alabado, el laureado, el aclamado como uno de los cuatro grandes literatos americanos de todos los tiempos -eso dice la Wiki-. Ahí es nada.
Con estas premisas y con alguna que otra referencia igualmente positiva, cogí con esperanza y seis euros y pico la edición de bolsillo de “La carretera”; destacada línea gris, oscura y desafiante en la estantería de novedades del Carrefour.
Así que al tajo. La carretera se queda, en mi modesta opinión, en poco más que un librito del montón. Y no es que sea especialmente malo -no quisiera (ni podría) agraviar así a los prestigiosos críticos que la encumbraron-, es que, al menos a mí, no me ha aportado absolutamente nada.
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Etiquetas: Crítica, Lecturas
feb 12
Las mentiras de la noche es un libro peligroso. Lo descubrí casualmente -algo que ocurre a menudo- en una época que recuerdo como de auténtica bisoñez lectora, con muchos menos años encima y un ansia devora-páginas que se me antoja loca, pero lógica, en un tiempo en que leer era como navegar sobre un mar bravío y novedoso. En resumen, estaba aprendiendo. Una etapa bonita, eso sí, donde te asomas a un abismo de letras y el desconocimiento del medio te arrastra, dando tumbos, mientras te agarras como puedes a las posiblidades abiertas: o te arriesgas, o te aconsejan, o te sueltas a merced de la voluntad del mercado .
Creo que pobré las tres, no queda otro remedio. Los consejos se agradecen, pero siempre son de otro. Y aunque escuchas, pronto vas descubriendo quién es afín y quién recorre otras veredas. Algunas bonitas. Otras extrañas, lejanas e incomprensibles. El mercado es otro cantar. Puedes dejarte llevar un tiempo devorando best-sellers, que la más veces por facilidad y novedad -las menos por calidad- acabarás creyéndo que éstos y no otros son los libros que añorabas.
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Etiquetas: Consejos, Lecturas, Opinión
ene 09
Primer punto: Yo no soy imparcial. Me gustan las historias de vampiros. Desde el Drácula de Bram Stoker (1897) o el Nosferatu de Max Scherk (1922), hasta este último Crepúsculo de Stephenie Meyer, pasando por toda la retahíla de cuentos, historias, películas y juegos (algunos de ellos realmente tan infumables como vergonzosos) que nutren el mito de los no muertos. Eso no quiere decir que los conozca todos, no nos confundamos. No llego a tanto. La sangre, como a todo hijo de vecino, no me sabe a ambrosía (¿metálico ferroso?), y mi sed se limita al agua embotellada, Coca-cola y algún vasito de vino descarriado en las comidas. Tampoco duermo en una caja de pino. Mi mujer no me dejaría.
Lo que quiero decir es que mi opinión sobre el libro de Meyer es, seguro, mejor de lo que el libro es en sí. Me divierte la temática, y quizá acabo encontrando algo más que lo que el mismo autor propone en sus páginas (muchas veces rememorando otras lecturas, mejores y pasadas). Así que, advertidos todos, vayamos a ello.
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Etiquetas: Lecturas, Opinión, Sagas, Terror
dic 11
No recuerdo haberme reído más en mi vida como el verano que releí el Quijote. Sé que para muchos esto sonará a broma, pues es cierto que muchas veces los clásicos (nuestros o ajenos), fluctúan en nuestro inconsciente simplemente como enormes tochos infumables que nos obligaron a reverenciar en la escuela, casi por narices, desde nuestra más tierna infancia.
En la mayoría de los casos el efecto es contraproducente. Y no tanto porque la lectura haya pasado a un tristísimo segundo plano entre gran parte de nuestra juventud (y los no tanto), sino porque me parece que lo que el Quijote atesora no es lectura de iniciación o descubrimiento. Es regocijo de madurez.
Mucho es lo que podemos encontrar en sus páginas, y mucho lo que podemos disfrutar en su humor y su sutil ironía. Los chascarrillos de Sancho y la locura de Don Alonso Quijano nos transportan a una historia donde tiene cabida algo de cada uno de nosotros. Tal es la magia imperecedera de los clásicos. Dar al lector el alimento interior, el reflejo encontrado y transmutado de sus propias vidas.
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Etiquetas: Lecturas, Opinión
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