La mayoría de vosotros habréis visto el video del discurso del activista del IVAW (Iraq Veterans Against the War) Mike Prysner de “final de año” -gracias Nathalie-. Me parece interesante destacar al respecto, brevemente, como el discurso gira en torno a la idea del racismo, en el sentido de identificar claramente a éste como uno de los instrumentos más poderosos para generar corrientes de opinión favorables, mover a las masas en la dirección deseada e incluso hacerles comulgar con cosas que, indefectiblemente, atentan contra el sentido común y la misma decencia como seres humanos -véase la guerra-. Racismo en el sentido estricto de la palabra. Hacer que aquel que tiene en sus manos el “trabajo sucio”, lo haga con el convencimiento de que su patria, su sistema, sus ideas, su forma de ver la vida y en definitiva, él mismo son superiores a los que tiene que sojuzgar. ¿Cuantos de nosotros creemos consciente o inconscientemente que la democracia, nuestra religión -o nuestra falta de ella-, nuestras ideas políticas, nuestro estilo de vida, nuestros sistemas económicos, nuestra cultura son superiores a los de los demás? ¿No somos más avanzados, mas civilizados, más buenos, más cuerdos, más guapos?
“Pues úsalo para vaciar tu espíritu, liberarte y llegar al Tao, y cumplirás el deseo por el que tanto has practicado. Usa ese último suspiro para conseguir la paz eterna… No lo desperdicies…, hablando conmigo…”
“He desperdiciado mi vida. Lo usaré para decirte que siempre te he amado. Prefiero ser un fantasma a tu lado y seguirte a todas partes, que entrar…, que entrar sin tí en la eternidad más absoluta… Por tu amor, no me convertiré en un alma en pena…”
La muerte de Li Mu Bai es, para mí y con diferencia, la escena de amor más emotiva del cine “moderno”. Como sobre gustos no hay nada escrito, no he de porfiar demasiado con otros grandes momentos del cine al respecto -no me atrevería a aventurar un resultado-. Cada uno tiene el suyo. Aquel que le arranca un trocito del alma. Así que, concedido y blasfemo, que me perdonen -por poner algún conocidísimo ejemplo- los Titanic, Ghost, Casablanca, Molin Rouge, Pretty Woman y compañía. Me quedo con la exquisita dirección de Ang Lee y su asombrosa capacidad para conseguir que dos actores de acción, transmitan una emoción tan real en una escena absolutamente ajena a sus registros interpretativos habituales.
Dos días después de la presentación del “hypeado” Ipadde Apple, los foros siguen repletos de cometarios cuyo denominador común es la más absoluta decepción. El usuario entregado de Apple, esperaba algo más que un Ipod Touch con unas cuantas funciones añadidas, y en sus sueños más floridos veía un Macbook hecho Tablet -aunque, ¿tendría sentido tirarse piedras sobre su mismo tejado?-, aderezado de toda la sencillez, tecnología y novedosas funciones que sólo los de Cupertino sabrían dotarle. Lo cierto es que aparte de la chorradas que hemos podido oir en cuanto a la rumorología de especificaciones que circulaban en la red -¿recarga solar, sintonizardor HDTV, dos cámaras?- si es cierto que, grosso modo, se echan de menos una serie de funciones básicas que probablemente habrían paliado al menos esa sensación general de que “se han quedado a medias”. ¿Qué le ocurrió a la cámara? ¿Y a la multitarea? ¿Que tal una ranura para la SD? ¿Y un puerto USB? ¿Sabemos algo de un gestor de archivos? ¿Un Finder? ¿Que busca realmente Apple con el Ipad?
Mil novecientos noventa y dos. Bajan del coche como se tiene que bajar. Con una sonrisa de oreja a oreja. El capó, vaporoso en el frío de la noche, refleja en sus ojos el irisado de las luces navideñas y el tráfico, contrario y escaso para las ocho, les deslumbra ocasionalmente mientras se dirigen felices hacia la esquina de los sueños. En el semáforo una niñita con alitas de abejita gordinflona devora un algodón de azúcar, y los villancicos les recuerdan, como si pudiera olvidarse, que es la noche de la Paz y el Amor. El tiempo de la felicidad y el infinito buen rollo. El tiempo de los cascabeles, de volver a casa y de El Corte Inglés. Tiempo de comprar y tiempo de llorar. De alegría.
A Beyoncé Knowles podrán achacarle muchas cosas, y detractores los tendrá con mas o menos razón, pero lo que me parece indiscutible es su maravilloso registro vocal ‘más allá’ del Mezzo-Soprano. Lleno de matices, control y fuerza, es capaz de conseguir convertir por si sólo, apoyado en una adecuada interpretación y unos simples arreglos de piano, una sencilla balada “ni contigo ni sin ti” en un mar lleno de personalidad y emoción. Qué cosas.
Para muestra un botón. Eso, sí, a pesar de la búsqueda de la naturalidad en el video (luz, exteriores, maquillaje, etc.), sigue siendo, como no, una superdiva. Ya se sabe, Knowles es Knowles.
P.d.: Sigue utilizando con acierto el recurso, ya visto en algún video suyo anterior, de cantar y parar súbitamente de mover la boca mientras sigue la canción (o viceversa). El resultado es novedoso y enfatiza con eficacia el dramatismo del momento (1:15 y 2:08 min.)
P.d2.: De la sonrisa del final ni hablamos. “Pa qué”….
P.d.3: ¡Ahora ya sólo espero que caiga sobre mi la furia de Sydharta!
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